BOSTON: Arelis Reynoso, la madre del jugador de los Celtics el dominicano Al Horford, ha sido periodista especializada en deportes desde 1988 y escribió esto en exclusiva para el Boston Globe.

Hacer los sueños realidad puede ser algo muy difícil, pero yo me di cuenta desde muy temprana edad que mi hijo, Al Horford, estaba determinado a hacerlo. Todo empezó en nuestro país de origen, la República Dominicana, y ahora se ha convertido en una maravillosa carrera profesional de baloncesto para él.

Cuando Al tenía solo 6 años de edad, me sorprendió cuando me dijo que quería asistir a una academia de baloncesto. Le pregunté por qué, y su respuesta se quedó grabada en mi mente.

“Quiero aprender los fundamentos y todo lo que pueda saber de este deporte”, él dijo. “Por favor ayúdame a ser un buen jugador y acompáñame en esta aventura”.

Encontré la academia 10 días después, pero le dije a él que tenía que enfocarse en terminar su temporada de béisbol de ligas pequeñas. Como siempre, me escuchó y acabó un torneo importante en la Liga Deportiva Abraham. En ese torneo estuvieron presentes varios jugadores de las Grandes Ligas, como Moises Alou, Raul Mondesi y Mario Guerrero. Tomé fotos y quedé encantada con el desempeño de Al.

Pero tan pronto regresamos a casa, él me volvió a preguntar sobre la academia, la Escuela de Baloncesto Santo Domingo. Los niños tenían que tener al menos 7 años de edad para entrar, pero yo hablé con el dueño de la academia y firmé un formulario de autorización para que Al se inscribiera a los 6 años.

Él realmente disfrutó su primera sesión aquel mes de febrero. Después platiqué con Teresa Durán, una de las mejores jugadoras de baloncesto en el equipo olímpico femenil dominicano. Ella estaba muy orgullosa de Al.

“Creo que tu hijo será un jugador fantástico de baloncesto”, me dijo. “He sido maestra por muchos años, pero Al es especial. Él no solo se aprende los conceptos, pero además tiene un talento natural para este deporte”.

Su testimonio aquel día es algo que siempre recordaré y llevaré muy cerca de mi corazón. Apenas tres años después, comencé a darme cuenta de que el baloncesto no era solo un juego. Supe entonces que mi hijo iba a tener una carrera muy exitosa en ese deporte.

Siguiendo un sueño

Cuando Al tenía 10 años, me puse a buscar campamentos de alto nivel en Estados Unidos para él. Valió la pena el esfuerzo. Al aprendió nuevas técnicas y habilidades, y después de haber regresado a casa en la República Dominicana, hablamos de lo importante que sería asistir a la escuela secundaria en Estados Unidos para que siguiera desarrollando sus aptitudes.

Originalmente habíamos planeado mudarnos a Miami juntos, pero no fue posible. Así que hable con Tito, el papá de Al, y su esposa para ver si Al se podría mudar a Michigan a vivir con ellos. Decidimos que apenas terminara la escuela intermedia en el verano del año 2000, él se iría a comenzar su nueva aventura. También iba a ser una buena oportunidad de convivir con sus hermanos y hermanas por el lado de su papá en Michigan.

La escuela Grand Ledge High School lo recibió con brazos abiertos y eventualmente lo ayudó a convertir sus sueños en realidad. Empezó a contribuir al equipo de baloncesto desde su primer año y su equipo pronto se convirtió en uno de los mejores en la liga. Al también jugó en equipos élites, y se convirtió en uno de los jugadores reclutas con mejor ranking en Michigan.

Aún cuando perdía juegos o cometía algún error, él usaba esas experiencias educativas como gasolina. Al quería jugar con una excelencia incomparable.

En aquel entonces, Al sabía jugar múltiples posiciones y usualmente lo hacía con mejores habilidades que cualquier otro basquetbolista. Fue invitado a jugar en los prestigiosos campamentos de exhibición de Nike y Adidas, y él sobresalía entre los mejores jugadores del país.

Un Gator de Florida

El tiempo que Al pasó en la Universidad de Florida significó mucho para él. Al no fue ahí solo para prepararse para la NBA. La experiencia universitaria era parte de su sueño.

Al tuvo varios desafíos durante su primer año, pero ahora suenan triviales. Me acuerdo cuando me llamó en noviembre del 2004 para decirme que no fue nombrado como uno de los cinco jugadores titulares. Como siempre, le dije que eso era irrelevante, y le sugerí que continuara trabajando en las prácticas, que fuera feliz – aún en la banca – y que tomará ventaja de sus oportunidades, aunque solo jugara por dos minutos.

Además le dije: “Estoy segura que serás titular después de 10 juegos en la temporada regular. 
Eres demasiado bueno y encajas muy bien con el estilo del entrenador Billy Donovan”.

Fue designado como titular el 20 de diciembre y nunca volvió a sustituir a nadie. Ese fue una etapa muy importante para él. Siempre hemos tenido una muy buena comunicación, y él sabe también que siempre soy su crítica número uno. Cuando Al estaba en su segundo y tercer año de universidad, Florida terminó ganando dos campeonatos nacionales consecutivos, y tuvo que considerar la posibilidad de entrar a la ronda de selección de la NBA.

Siempre le dije a Al que los deportes a nivel profesional iban a ser muy diferentes que el colegial, pero que la experiencia que acumulara en Florida iba a ser su fundamento. Los gerentes generales y dueños de la NBA invierten en talento, pero también están buscando jugadores respetuosos, con estudios y buena actitud.

La ronda de selección se realizó el 28 de junio del 2007 en el Madison Square Garden. Yo estaba sentada al lado de Al, y después de que las dos primeras rondas de selecciones fueron anunciadas, le dije: “Prepárate. Tú eres el siguiente.”

Cuatro minutos después, el comisionado David Stern salió al escenario y dijo: “Como su tercera selección en la primera ronda, los Atlanta Hawks escogen a Al Horford de la Universidad de Florida”. No pude haberme sentido más orgullosa de mi hijo. Su sueño se había hecho realidad y fui más bendecida de haber podido presenciar ese momento.

Hoy, me siento muy agradecida de verlo jugar para los Boston Celtics, la franquicia con el mayor número de campeonatos en la historia de la NBA.

Al tiene 12 años de experiencia en la liga y, en dos años de estar en Boston, él ha contribuido con su gran talento al equipo. Este verano entrenó muy duro para seguir dando lo mejor de sí mismo a los Celtics. Mi hijo es un gran deportista y su liderazgo es necesario con la nueva dinastía que los Celtics están construyendo. Este es su doceavo año en la liga, y él ha desarrollado una reputación de que siempre hace su trabajo, lucha arduamente y ayuda a su equipo.

Al se considera privilegiado de representar a los Celtics en la cancha y fuera de ella. Espero que continúe jugando con la pasión que trae a cada juego, y creo que ayudará a los Celtics a ganar muchos más campeonatos.

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sábado, 20 de octubre de 2018

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