POR JOSÉ CARLOS NAZARIO

La marcha verde parece atravesar por problemas existenciales. Como en el viejo PRD y su matrioska de herederos, no hay posibilidad de oficializar un sentimiento. Tampoco representación posible. Y es que el poder solo se construye desde los consensos concretos. 

La movilización es el resultado de un sentimiento ante el dolo. No hay manera de jugar a la política, construir poder, con eso. Por eso actúan como desesperados los que quisieran sacar ventaja de la coyuntura. Tendrán que hacer política, que es muy distinto de tirar piedras.

El discurso anticorrupción no construye mayorías ni poder. Hay ejemplos (Vincho, Guillermo Moreno) y teoría (Riorda) que así lo sostienen. En cuanto a poder político la sociedad dominicana decidió claramente sus actores en los plazos que traza la Constitución. Decisiones validadas y legitimadas por el voto, que algunos decadentes quieren desconocer.

Olvidan que sin la institucionalidad, sin Estado de Derecho (que es todo un entramado sistémico), no existe el Código, ni el tipo penal del soborno. Y por tanto no habría impunidad que les dé sentido a “su lucha”.

Las recetas del siglo diecinueve no funcionan para combatir partidos del siglo XX.  Sin Estado de Derecho cualquier reclamo, por legítimo que parezca, se convierte en un grupo de monos violentos persiguiendo al que tiene el palo para quitarselo. La sociedad dominicana merece respeto. No va a cambiar de liderazgo hasta que del otro lado no haya una oferta del siglo XXI.

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viernes, 1 de septiembre de 2017