POR SANTO SALVADOR CUEVAS

Toda la sociedad -con alma y corazón- se lamenta y llora lo acontecido en Cenoví de San Francisco de Macorís a la cuasi niña Emily Peguero: Seducida, conquistada, embarazada y vilmente asesinada por su propia pareja.

Y en medio del dolor en nuestra condición de padre nos preguntamos, ¿Díos mío, en qué te hemos fallado? ¿Cómo es posible que casos tan horribles se sucedan en nuestra sociedad?

Demandamos para el sin alma y asesino todo el peso de la ley, de una ley que debe ser revisada y valorar que en sus articulados se contemple introducir la pena capital para casos como esos.

Pero, eso no basta para identificar causas y consecuencias que llevan a habitantes actuar sin piedad hasta con un ser con quier compartiste los besos y el amor, las caricias y el sexo, para desembocar en una acción cobarde y sin piedad, arrebatandole su tierna vida.

Algo anda mal en nuestra sociedad.

No solo se impone el rescate de la moral y cívica en nuestras escuelas, es de rigor también restablecer el régimen de consecuencias para todo el que infrinja la ley, sin tráfico de influencia, sin "padrinos" y sin asomo de impunidad: Todo el que viole la ley debe abstenerse a las consecuencias.

El régimen de consecuencias, promovido por radio, televisión, periódicos y redes sociales, podría ser una arma vital de cara a la prevención.

Nos queda pedir a los padres ser vigilantes celosos de sus hijos, cuidar con quien se relacionan y ser eternos orientadores, para evitar que se repitan en nuestra sociedad escenas como la de Emily Peguero que una basura social le arrebató su tan tierna vida.

Que pena.

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jueves, 31 de agosto de 2017