Por Mayobanex De Jesús Laurens

El informe del Banco Central de la República Dominicana, dando a conocer que el Producto Interno Bruto (PIB) creció un 4% en el período enero-junio 2017, muestra signos de desaceleración de la economía local, dado que al medir igual período en el 2016, la misma había crecido un 7.4%.

Ya el Gobierno había advertido la merma en el desempeño económico, tomando medidas con la liberalización del Encaje Legal Bancario, para que se fortalezca el crédito y los sectores productivos se animen con las inversiones e impacten en la dinamización de la economía a corto plazo.

En varias ocasiones he advertido con artículos publicados, sobre nuestro sistema económico vigente, soportado por el Turismo, Remesas, Telecomunicaciones, Construcciones, Financiero, Minería y el Comercio, fundamentalmente, independientemente de los otros renglones que inciden en la misma de forma mínima.

Es un modelo basado en servicios, con agregados adicionales que lo sustentan, pero sujeto permanentemente a choques externos y las incertidumbres que se ciernen sobre los entes económicos.

Mientras no demos el salto definitivo para convertirnos en un modelo de producción con tendencias a fortalecer nuestras exportaciones y generar divisas, para agigantar el PIB, estaremos sufriendo de signos de crecimiento y desaceleración.

Es impostergable dar el salto definitivo. Lograr un gran pacto nacional de mediano y largo plazo en los ámbitos energético, laboral, industrial, empresarial, comercial, fiscal y agropecuario, sobre todo.

Sentar los actores económicos, crear condiciones fiscales, energéticas, laborales y de exportación adecuadas para los inversionistas. Altos costos de producción, incididos por cargas laborales, tributarias y de energía, desincentivan a los que quieren instalar empresas o hacer negocios en la República Dominicana.

Más que agitar por mayor presión tributaria, lo adecuado sería disminuir tasas fiscales, ampliar bases no gravadas, corregir el actual sistema, hacerlo más dinámico y accesible a los contribuyentes, para atraer las inversiones.

Imposible querer que mejoren las inversiones con el costo laboral que se impone a las empresas y las sobrecargas que deben pagar al Estado por acumulaciones y retenciones laborales.

Ni pensar en invertir, con una carga energética elevadísima, que obliga a cerrar empresas por endeudamiento acumulado.

Es tiempo ya de asumir el compromiso de nación. La política no puede ser vista como retranca por miedo a sufrir colapso electoral a futuro. Si las reformas se asumen desde el punto de vista correcto, los beneficios se verán de inmediato en la población, con más inversiones de empresas y un incremento vertiginoso del empleo, impactando en el PIB.

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jueves, 31 de agosto de 2017