Por Juan Tomás Olivero

La Iglesia en tiempo de Odebrecht. Ésta fue la primera idea que me vino a la imaginación cuando decidí hacer una reflexión sobre el nuevo destape escándalo que entrapa el espíritu y la paz social del pueblo dominicano, que no termina  uno cuando ya estamos en el otro escándalo moral y político; ahora, de carácter religioso.

Tengo entendido, por las informaciones de que dispongo,  que  el Cardenal López Rodríguez, está por razones de salud en una situación de total indefensión y no apto por tales razones para responder al emplazamiento hecho por el canonista monseñor Santana Marcano y los 120 sacerdotes.  Quienes, a mi juicio,  de forma inexplicable no hicieron esta acción intra eclesial de forma oportuna y no ahora.

Acción que por más valiosa que resulta ser por su significación para la vida de moralización evangélica, no deja de tener un dejo de irresponsabilidad pastoral, por lo tardío y fuera de propósitos  para expresar sus preocupaciones.

Ahora, lo del Congreso Dominicano y sus legisladores, que vieron en este supuesto escándalo de la iglesia  un bajadero para escudarse y sacarle el cuerpo al verdadero escándalo y del que ellos son parte, Odebrecht, resulta irónico.

Todos de forma entusiasta han salido a dar la opinión y fijar posición, cosa que no han hecho con la peor trampa de corrupción con que se ha lacerado la esperanza de los jóvenes y el futuro del país. Sería interesante verlos como han estado animadito con este caso, fijar posición con el tema trascendental de Odebrecht, relección, Joao Santana y la  corrupción.

Ahora, desde de la crítica  de la fe y la responsabilidad de la fraternidad cristiana, puedo meditar y reflexionar de que es una conducta propia del pilatismo moral, de tirar la piedra y esconder la mano.

El más ignorante de todos, el diputado Rafael Méndez,  ha atacado el llamado privilegio liberal de la Iglesia Católica frente a otras denominaciones religiosas, ignorando las bases legales del mismo con las leyes 117 y 390 de 1931 y 1943 respectivamente, ratificadas por el mismo Congreso del que él es parte, en 1954,  con el actual vigente Concordato, que debe ser revisado a luz dela Constitución de República Dominicana de 2010(15).

Ahora, si este legislador, quiere saber en qué se sustenta este privilegio, privilegio que yo no comparto, debe leer el Concordato  en  sus capítulos XXIII numeral 2 y 3 que citaré más abajo y el capítulo XXIVde forma inextensa, cito: “La gestión ordinaria y extraordinaria de los bienes pertenecientes a entidades eclesiásticas o asociaciones religiosas y la vigilancia e inspección de dicha gestión de bienes corresponderán a las Autoridades competentes de la Iglesia”.3.

“La República Dominicana reconoce y garantiza la propiedad de la Iglesia sobre los bienes muebles e inmuebles que el Estado reconoció como pertenecientes a ella con la Ley 117 del 20 de abril de 1931, aclarada por Ley n. 390 del 16 de septiembre de 1943, así como de los bienes que, después de tal fecha, la Iglesia ha legítimamente adquirido o adquiera, incluidos los que han sido o sean declarados monumentos nacionales”. 

Y, el capítulo  XXIV numeral 1, dice:“Queda expresamente convenido que los bienes, cuya propiedad adquiera la Iglesia por donación entre vivos o por disposición testamentaria, estarán exentos de los impuestos de donación o de sucesión, siempre que los bienes recibidos en esa forma, se destinen a un fin propio del culto o de utilidad pública por voluntad del donante o del testante “o por ulterior disposición de la Autoridad eclesiástica competente”.

Los 120 sacerdotes y el Dr. Miguel Ángel  Marcano Santana Presidente del Tribunal Eclesiástico, de la iglesia Católica,saben perfectamente y conocen el camino a seguir en este caso.

Cuántas conferencias Episcopales se han celebrado y  a cuáles de ella se han remitido con las quejas que se ha hecho pública. A ninguno y menos al especialista en derecho canónico puedo dar lecciones de cuál es el procedimiento establecido en el ordenamiento jurídico teológico que deben agotar.

Ahora, desde de la crítica  de la fe y la responsabilidad de la fraternidad cristiana, puedo meditar y reflexionar de que es una conducta propia del pilatismo moral, de tirar la piedra y esconder la mano.

Y más que todo, propia de resentidos, que a pesar de los lauros académicos, rangos intelectuales y doctorados obtenidos en Roma; ven en otro, la imposibilidad, de haber alcanzado puesto y poder de mayor relevancia que la que tienen hoy en la Jerarquía eclesial Dominicana.

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martes, 9 de mayo de 2017