POR ISMAEL BATISTA

La independencia y la soberanía son atributos inalienables al Estado. Así lo concibieron los patriotas del 27 del febrero de 1844. Por eso los insignes dominicanos fundadores de la república hicieron todas las acciones y sacrificios posibles para liberar la patria de la ocupación haitiana.

También los restauradores del 16 de agosto de 1863 comprendieron que no era posible en la República Dominicana alcanzar el bienestar social, el progreso y el desarrollo bajo el tutelaje español. Y en una guerra desigual (La Guerra de Restauración) los  revolucionarios dominicanos  derrotaron las tropas españolas en el suelo patrio, forzando la retirada del ejército español del país.

Inspirados en los mismos principios los guerrilleros de 1916 y los combatientes de 1965, con el apoyo del pueblo lograron la desocupación del suelo patrio de las tropas interventoras de los Estados Unidos.

Estas consideraciones generales de carácter histórico vienen a propósito del escándalo de corrupción que tiene como escenario América Latina, en el cual está  implicada  la  empresa constructora brasileña Odebrecht, acusada de entrega de coimas o sobornos a funcionarios gubernamentales, candidatos presidenciales, dirigentes políticos, presidentes y ex presidentes latinoamericanos. República Dominicana no es la excepción.

Y llama la atención (ojo oposición política dominicana y organizaciones de la sociedad civil) el hecho de que los países implicados en el cohecho Odebrecht, son los gobiernos de la región que impulsan la integración y los cambios  que se suceden en América Latina.

En lo referente a República Dominicana, la solución a los problemas políticos, sociales o económico   son de exclusiva responsabilidad de los dominicanos. Una intervención política en estos momentos en el país traería consecuencias   impredecibles para la Nación Dominicana.

Es oportuno recordar en el pasado contemporáneo las consecuencias de las intervenciones foráneas en el país. Nos han dejado funestos legados: la dictadura de Rafael Trujillo y el régimen autoritario de Joaquin Balaguer.

Las últimas presencia de tropas de ocupación en República Dominicana fueron  las que hemos mencionados en líneas anteriores, sin embargo, en términos económicos y políticos es evidente.

De manera pues,  es de rigor alertar a los sectores adversos al gobierno en el sentido de enfocar los ojos al punto correcto para que no le pase lo que le sucedió al sujeto  estrábico con el toro bravo.

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jueves, 16 de febrero de 2017