Por Emiliano Pérez Espinosa

Nueva York. - El 19 de noviembre del año pasado, leí un artículo del Premio Nobel de la Literatura, Mario Vargas LLosa, titulado: “La Decadencia del Occidente”, publicado en el periódico El País, de España.

En el artículo, el Premio Nobel argumentaba sobre la decadencia del Occidente de la manera siguiente: “Primero fue el Brexit, ahora, la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Sólo falta que Marine Le Pen gane los próximos comicios en Francia para que quede claro que Occidente, cuna de la cultura de la libertad y del progreso, asustado por los grandes cambios que ha traído al mundo la globalización,  quiere dar una marcha atrás radical a tiempo, refugiándose en lo que Popper bautizó  “la llamada de la tribu” —el nacionalismo y todas las taras que le son congénitas, la xenofobia, el racismo, el proteccionismo, la autarquía—, como si detener el tiempo o retrocederlo fuera sólo cuestión de mover las manecillas del reloj”.

Al leer, reflexionar y meditar sobre los argumentos del Premio Nobel, y observar los últimos eventos que sacuden al mundo, recordé una obra titulada: “La Historia del declive y la caída del Imperio Romano” de la autoría del historiador inglés, Edward Giddens, escrita en 6 (seis) tomos en el siglo XVIII. Esta obra está considerada como la referencia, y el material de consulta más fidedigno de la historia del Imperio Romano, que en definitiva es una de las partes más importante de la historia del occidente. 

Al revisarlo, encontré que Giddens, en su libro, entre otras cosas, analiza las crisis y las respuestas del imperio Romano durante sus 15 (quince) siglos de existencia. Giddens nos certifica que los emperadores Diocleciano y Constantino, quienes gobernaron desde finales del siglo III y gran parte del siglo IV después de Cristo, introdujeron reformas importantes al imperio, las cuales hicieron posible la prolongación de la vida útil del Imperio, hasta al siglo XV.

Luego de releer a Giddens, difiero de la tesis de Vargas LLosa en lo relativo a que lo que estamos viviendo sean los síntomas de la decadencia del occidente. Pienso todo lo contrario, lo que está sucediendo es un proceso natural de reinvención del mundo occidental y re-adecuación pacifica de las relaciones internacionales tanto en lo político, en lo económico, y lo social, producto del fenómeno de la globalización.

Lo que sucede es que este proceso de transición está bajo la dirección de la derecha, la cual se ha puesto de moda, gracias a los errores e incapacidad de otros actores y/o sectores.

En esta etapa, aspiro a que el mundo occidental auto reflexione, y que esa reflexión tenga como resultado, el desecho de los líderes y/o dirigentes que han demostrado no tener condiciones para dirigir y poca sensibilidad con los seres humanos.

Comparte esta noticia en las redes sociales :
lunes, 6 de febrero de 2017