Por Santos Salvador Cuevas

No habían pasado aún 15 años de iniciada la Guerra Fría entre los dos polos antagónicos -Soviético y Occidental- y emergía en el escenario mundial la figura redentora del comandante Fidel Castro, siendo la figura más notable en los foros y las tribunas a nivel planetario durante la última mitad del siglo XX.

Con el triunfo de la Revolución Cubana, Fidel no sólo vino a ser la voz contestaria del Tercer Mundo frente la potencia económica y militar más poderosa de todo el globo terráqueo, sino también que su voz se convirtió en una especie de balance ideológico en la lucha de las ideas entre un campo y otro.

Esa fuerza moral que encarnó Fidel, fue muralla incuestionable que sirvió de contención a las agresiones, la injerencia y el saqueo de que han sido víctimas las naciones pequeñas del mundo.

En 1962 estuvimos a la puerta de ver iniciada la Tercera Guerra Mundial, siendo Cuba escenario de los hechos, al instalar en su territorio las cabezas de cohetes atómicos por la Unión Soviética, cuyo fin era evitar el curso de una invasión militar a la Isla por los EE.UU. siendo Fidel Castro el eje aglutinante ante los ojos del mundo.

Nadie calló jamás la voz inquebrantable de Fidel, y ninguna fuerza sobre la faz de la tierra contuvo la solidaridad de Cuba con los movimientos de resistencia que en distintos lugares del mundo luchaban por su libertad e Independencia nacional.

La misma derrota del Apartheid en Sudáfrica no hubiese sido posible sin el papel de las fuerzas revolucionarias cubanas que se la jugaban en aquellas tierras africanas.

Ante las invasiones armadas de marines en Santo Domingo y Vietnam, la voz de Fidel trono en las Naciones Unidas y los foros mundiales una y mil veces demandando respeto a la soberanía de estos pueblos agredidos.

Fidel fue la voz más candente contra el pago de la deuda externa que prolonga por otras vías el saqueo al Tercer Mundo.

Pero aún alejado ya del poder, surgieron las memorias de Fidel reclamando por la paz global, defendiendo el medio ambiente y desarrollando una campaña en defensa del agua y los alimentos.

Gobernantes, líderes del globo, militantes y activistas sociales a lo largo y ancho de todo el planeta lloran y se lamentan por el deceso del comandante eterno.

El mundo ya no será igual.

Nuevas voces habrán del surgir pero se necesitan años para forjar en ellos la autoridad moral de Fidel Castro.

Un mandatario, no sólo debe ser el presidente de una potencia mundial, pues también debe ser un gran estadista, con todos sus atributos, incluida la decencia y la diplomacia.

El señor Donald Tromp, presidente electo de un país que tiene Relaciones Diplomáticas con Cuba, país que hoy llora y vela a su líder histórico, al destaparse celebrando la muerte de un adversario que le confrontó con honor y dignidad durante más de 5 décadas, lejos de dañar la memoria del fallecido se retrata como gran ignorante y se pierde al creer que es suficiente con la amenaza y la percepción de llevar al mundo a un callejón sin salidas, del que todos saldremos calcinados sino se revierte el curso de un pensamiento y una actitud equivocada.

El retorno a la Guerra Fría sería el fracaso de su administración; mientras tanto Fidel se inmortalizó mucho antes de morir.

Sólo ahora encuentro sentido a Albert Einstein, cuando sentenció: "Grandes espíritus siempre han encontrado oposición violenta de mentes mediocres."

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martes, 29 de noviembre de 2016