NEW YORK: Donald Trump consiguió dar vuelta al mapa político que solo un día antes parecía tener en su contra, para ganar la presidencia de Estados Unidos en una elección sorpresiva, histórica e inédita.

Histórica porque nunca antes hubo tanta antipatía para los dos candidatos principales, o tantos escándalos que hicieron tambalear a ambos, ni tantos insultos o dudas sobre el mismo sistema democrático estadounidense o su fragilidad ante la interferencia extranjera.

Pero fue ese sistema el que irónicamente Trump denunció en algún momento como “amañado” y el deseo de cambio de rumbo en Washington lo que le dio el triunfo al republicano.

Trump ganó no solo a Hillary Clinton sino también al aparato de su propio partido, que en gran parte dijo no sentirse representado por el magnate. Desafió a la gran prensa, a la clase política de ambos partidos y a los paradigmas sobre el manejo de las campañas presidenciales en Estados Unidos.

No solo ganó los estados clave que tenía que ganar, como Florida, Ohio y Carolina del Norte, sino también en otros que eran considerados fuertemente demócratas como Michigan, Pennsylvania y Wisconsin.

Ni el voto hispano, con participación tan fuerte en esta elección, ni el afro-estadounidense o el de las mujeres que las encuestas daban abrumadoramente favorable para los demócratas, fue suficiente para compensar el gran número de votantes blancos, especialmente en las zonas rurales, que salieron a última hora y abrazaron el lema de Trump: “Hagamos Estados Unidos grande otra vez”.

País en una encrucijada

El camino hacia delante será difícil. Trump gana sobre un país políticamente dividido y tenso racialmente. Un país en la encrucijada en cuanto a su composición demográfica pero para el que Trump ha prometido construir un muro fronterizo, expulsar a 11 millones de indocumentados y detener la llegada de musulmanes y refugiados.

Hay otras promesas de campaña que fueron tomadas como divisivas y que falta ver cómo se resuelven: deshacer lo que se hizo durante los años de Barack Obama en relación al cuidado de la salud, revisar los tratados de libre comercio y fortalecer al ejército y la posición de Estados Unidos en los lugares conflictivos del mundo.

Sus seguidores seguramente continuarán pidiendo meter a la cárcel a Clinton.

Mantendrá control del Congreso

La gran ventaja de Trump será que el Partido Republicano mantendrá el control de la Cámara de Representantes y el Senado, y con ellos, podrán elegir a un juez conservador como el miembro de la Corte Suprema que hace falta.

Esto debería facilitar la gobernabilidad y acabar el bloqueo que durante los últimos años paralizó Washington.

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miércoles, 9 de noviembre de 2016