Por Rubén Moreta

Que en la República Dominicana sectores “nacionalistas” estén impugnando el otorgamiento del Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña  al laureado escritor  Mario Vargas Llosa, autor de la novela de habla hispana más importante del siglo XX, titulada La Fiesta del Chivo, obra monumental que ausculta uno de los períodos más abominable de nuestra historia, la Era de Trujillo, habla muy mal de nosotros como país.

Como nación, estamos exhibiendo una pose fundamentalista e inquisidora.  El premio no fue gestionado  ni “cabildeado” por el escritor Vargas Llosa, sino que  en la lógica de internacionalización de la Feria del Libro de Santo Domingo, se concibió el Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña, dedicado a escritores que hayan hecho un aporte trascendente a la literatura y a las letras en general, méritos con los que ha cumplido provechosamente el escritor latinoamericano.  En esa lógica, un jurado constituido al efecto decidió, en pleno uso de sus atribuciones y potestades, asignarle el galardón al polémico Premio  Nobel de Literatura.   

Que desde el gobierno, la derecha “nacionalista” y un segmento de la intelectualidad criolla estén haciendo “piquito y bembita” por este premio a Vargas Llosa, es una acción ridícula, desbordada, incorrecta e innoble.  Esta actuación es una grosera e imperdonable persecución por sus ideas a un libre pensador, que retrata a los perpetradores como policías ideológicos.

La inverosímil impugnación a la entrega de este premio es una consecuencia de las miserias de nuestra formación por las falencias de nuestra escuela y por el nivel de desideologización que vivimos hoy. 

Definitivamente, el conservadurismo ha tomado tanto espacio en la sociedad nacional, que ya  se comienza a erosionar el elemental respeto a las ideas de los otros, y por eso estamos llegando a los niveles de patear, torturar y/o lapidar mediáticamente a quien piensa diferente.

Este inadmisible e irracional ataque a Vargas Llosa, con cuyo pensamiento tengo diferencias muy marcadas, es un hecho desbordado, y lo peor es que desde el gobierno se monten en esa cresta pseudo-nacionalista, combatiendo un galardón que ha evacuado un jurado competente.

Estos ataques significan que el conservadurismo ha triunfado y que el liberalismo es el gran ausente del destino nacional.  

El autor es Profesor UASD.

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lunes, 26 de septiembre de 2016