Por Emiliano Pérez Espinosa

En 1962, Fritz Machlup, en su libro: “La producción y distribución del conocimiento en los Estados Unidos”. El título original en inglés: “The  Production  and  Distribution  of  Knowledge in the United States”, sirvió de base al concepto: “La Sociedad de la Información” como un intento de entender nuestros tiempos. Machlup propone, entre otras cosas, la especialización del trabajo, para conseguir una mayor productividad, a través de la conversión de los individuos en expertos.

 En 1967, Guy Debord, escritor francés, acuñó el término “Sociedad del Espectáculo”, refiriéndose al carácter ilusorio de prosperidad que producía el sistema económico, a través del consumismo difundido por los medios de comunicación. Según Debord: “Cuanto más contemplas menos vives”.

 En 1969, Peter Drucker publico el libro “La era de la Discontinuidad”, donde profundizó en las ideas anteriores, cambiando el término de sociedad de la información por el de “Sociedad del Conocimiento”, combinando la asimilación de la información y el saber y revivió la propuesta de Joseph Shompeter, de la innovación y espíritu emprendedor, como uno de los pilares fundamentales de la nueva sociedad que está surgiendo.

 En el 2012, el peruano Vargas LLosa, publicó un ensayo titulado: “La Civilización del Espectáculo”, que es un resumen de artículos escritos en el periódico el País, de España desde los años noventa y algunas reflexiones paralelas, en donde, desde su perspectiva, analiza diversos aspectos de la realidad y el comportamiento de los seres humano.

 Independientemente de las diferencias que podamos y tenemos con el Premio Nobel del 2010, él postula una verdad: “La actual civilización del espectáculo, promueve la disparidad que es la confusión entre precio y valor”.  Además, nos explica, que si, por ejemplo, una obra de arte tiene un precio determinado, pero no encuentra comprador, su valor disminuye (ley de la oferta y la demanda). Por lo antes dicho, se muestra contrario a un criterio estrictamente economicista para valorar las obras de arte.

 Hoy, en el 2016, el cáncer de la disparidad y el economicismo, producto de una sociedad más epicúrea, guiada por la efectividad de la producción, y el consumo, ha migrado y permeado a casi todas las instituciones de nuestras comunidades, poniendo en peligro la existencia de la presente civilización, debido a que los seres humanos son definidos también de una manera muy economicista, entre su precio y su valor; sin observar su formación, su capacidad, y su talento.

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jueves, 15 de septiembre de 2016