Por Juan Eduardo Thomas

Santo Domingo: Jackeline Montero tiene claro su papel legislativo a partir del próximo 16 de agosto: impulsar la creación de centros de capacitación y orientación para las trabajadoras sexuales en cada provincia del país, junto a la instalación y funcionamiento de guarderías infantiles.

No quiere la idea de una zona rosa en cada provincia, donde se ejerza el trabajo sexual con “la protección de la Policía Nacional”. Dice que cada ser humano debe ser libre, ajeno de una cerca limítrofe y custodiada por equipos de seguridad.

“Queremos un nuevo proyecto: en vez de ser centros para que las muchachas ejerzan el trabajo sexual que sean centros de capacitación y orientación para ellas, para que puedan tener mejor calidad de vida y de salud”, cuenta.

Parte de su orgullo es que las trabajadoras sexuales, que las cifra en 200,000 en todo el país, ya tienen una representante que velará por sus derechos en el Congreso Nacional.

 En el Movimiento de Mujeres Unidas (Modemo), que preside, tienen registradas a 10,800 mujeres que se dedican al trabajo sexual, con un grupo importante, de acuerdo a lo que explica, que no se reconoce como tal, sobre todo en las clases altas de la República.

Montero es regidora y tiene una frase grabada en su mente que utiliza como arma de vida: “Cuando Dios manda, hasta el diablo obedece”.

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miércoles, 1 de junio de 2016