Por   Juan Tomás Olivero

Hay que verlos en televisión postulando los fundamentos de sus posiciones crítico revolucionarias,  y leerlos en las publicaciones de la Junta Central Electoral y sus resoluciones sobre aprobación y rechazos de alianzas depositadas para tales fines, para entender que erraron  el camino y lo hicieron fuera del cajón.

La moralidad política de María Gargajos le  queda chiquita a la capacidad de ensarte y fisgonear del remanente revolucionario llamada izquierda dominicana. Son únicos estos amigos Bizantinos, que parecen encarnar con su comportamiento novelesco  el musical del compositor Británico Albert William que describe en seis (6) momentos  la forma, desarrollo y vida de un mercado Persa:

La llegada de los camelleros y el paso majestuoso de sus monturas. El canto de los mendigos. La llegada de la Princesa. Los malabaristas y los encantadores de serpientes. El paso solemne del Califa visitando el mercado. De nuevo el canto de los mendigos, la melodía de la princesa y la caravana de los camelleros alejándose, simbolizando el final del mercado en el crepúsculo.

El mercado Persa es el símbolo que representa la confluencia agradablemente absurda e insospechable y  desconcertante, que va de lo ridículo a lo sublime, en el que se confunde el paso solemne del Califa con el canto de los mendigos o la caravana de los camelleros. Parecería un extremismo de nuestra parte afirmar que el proceso electoral dominicano es en  su centro de interés político  un espejo fiel del otrora mercado Persa en donde se compra y se vende cualquier cosa y, que la paradoja moral de una exitosa izquierda con frentes y ampliadas no dista mucho de los escrúpulos de María  Gargajos en este mercado Persa Electoral, en el que se liquidan todos los valores de decencia y dignidad.

El diseño, la tecnología y la metodología alcanzada por Junta Central Electoral (JCE) la colocó a ella y colocó su plataforma informática a mil (1000) años  luz en el tiempo, de sus usuarios los partidos Políticos y movimientos independientes. La JCE instaló con tiempo la aplicación y trató de alfabetizar informaticamente a quienes dieron muestra y disposición a hacerlo.  Solo requirió la JCE a las organizaciones políticas  un centro de cómputos para administrar el proceso  de alianzas e inscripción de candidaturas, muy pocas por cierto lo instalaron. 

Estas acciones de la JCE estaban orientadas, aun no se lo hubiesen  propuesto,  a asestar un duro golpe a la cultura de mercado Persa que prima en los procesos electorales dominicano, resistida hasta el último minuto con fiereza insólita por quienes deben  ser sus defensores,  los partidos políticos.

Volviendo con los escrúpulos de María Gargajos y las diferentes combinaciones de alianzas en niveles: presidencial, Congresual y Municipal, y modalidades; parciales y totales. De las alianzas aprobadas, hay una que desde la perspectiva de  los escrúpulos de María  Gargajos es digna de ser inscrita en los libros de Guinness, formalizada esta con la Resolución 30-2016  de la Junta Central Electoral en la que se aprueba la alianza entre el Partido Frente Amplio y el Partido Reformista Social Cristiano de Balaguer.

El Candidato en el Municipio de Barahona a Alcalde por el Partido Revolucionario Moderno (PRM) Praede Olivero, no fue inscrito por el Frente Amplio a pesar de haberlo proclamado en evento público,  por estar un tanto alejado del conglomerado revolucionario, según ellos. Pero, dieron su respaldo incondicional al candidato a Senador y los diputados del PRSC de Balaguer,  que nunca lo han sido. ¡Oh! María Gargajos que insignificantes son tus escupitajos sobre el aceite caliente electoral!.

La Comunidad política que es portadora de una nueva cultura partidaria en normas, junto a las academias, la JCE, el Centro de Asesoría para la Promoción Electoral-CAPEL (Instituto Interamericano de Los Derechos Humanos –IIDH) y la comunidad científica, está obligada a velar por el rumbo de la calidad y salud política del sistema de Partidos de la República Dominicana. Cualquier cosa no puede ser un partido. Las regulaciones no sólo deben  estar orientadas a normar el funcionamiento, financiación que es lo que interesa, y la razón utilitaria de los procesos electorales en lo que a candidaturas y alianzas se refiere; debe preverse formas imperativas en la norma, también, de  garantías de sentido y razón de ser de la naturaleza ética y principios de ideales de vida y sociedad.

Al margen de la excelencia con que la JCE ha regentado el proceso, y las previsiones tomadas para dar seguridad y garantías a los participantes; ha fallado al  caer en un gancho de  dejarse chantajear con las imprecisiones y los errores en la documentación depositadas por los partidos. Para salvar la situación y el probable dilema electoral, ha   recurrido la JCE  al nuevo chance,  a las prorrogas y extensiones de plazos.

Si aspiramos a una  realidad política diferente,  es necesario  gestar   una nueva mentalidad como cultura jurídica de cumplimiento  frente a la norma y su valor, que haga posible una conciencia política en el sentido de que las alianzas políticas son un medio en el que las minorías construyen mayorías; y no, una forma de parasitismo. Parafraseando,  por demás, a Richard Cobden: “parasitismo que supone confiar más en los otros que en uno mismo”. Concluyo estas reflexiones estableciendo que  cuando la norma no fija plazos fatales, y se hace de la prorroga una costumbre, la norma pierde sentido y razón de ser- “Dura lex, sed lex (la ley es dura, pero es la ley)”. Cuando los plazos se vencen se vencen, he aquí, nuestro pecado capital, no entenderlo así.

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miércoles, 6 de abril de 2016