GRECIA: A los 16 años, Joanna Giannouli, acudió al hospital en compañía de su madre a realizarse unos estudios porque su periodo menstrual no había llegado. Cuando los médicos examinaron los resultados, descubrieron que no tenía vagina, ni útero y tampoco cérvix.

Esta condición se le conoce como agnesia vaginal o síndrome de Rokitansky y la presentan una de cada 5,000 mujeres en todo el mundo.

Las mujeres con este trastorno nacen sin el cuello uterino, útero y vagina, o bien los tienen muy poco desarrollados; sin embargo, si tienen ovarios y genitales externos (vulva), además de que desarrollan senos y vello púbico.

Cuando se tiene el síndrome, las relaciones sexuales son más complicadas y las posibilidades de tener hijos son escasas.

En muchas ocasiones, como es el caso de Joanna, se tiene que fabricar una vagina funcional para poder mantener relaciones sexuales.

Al año siguiente del diagnóstico, Joanna fue intervenida quirúrgicamente para obtener su vagina, lo que la mantuvo cuatro semanas en el hospital y tres en cama.

Tras la operación, la vagina de Joanna quedó estrecha y pequeña, por lo que tenía que realizar algunos ejercicios para evitar tener dolor en las relaciones sexuales.

Posteriormente le realizaron otra cirugía para expandir la entrada vaginal, y aunque se encontraba bien físicamente, mentalmente no lo estaba, pues su trastorno, no fue tomado muy bien por muchas personas, como su ex prometido, otras parejas e incluso su familia.

“Mi madre cree que hizo algo mal durante el embarazo, aunque le expliqué que no era así; es una cuestión genética.

Yo tenía 21 años, vivía en Atenas (Grecia) y mi novio y yo estábamos comprometidos. Cuando le expliqué mi trastorno, decidió romper conmigo”, declaró a BBC.

Actualmente Joanna tiene 27 años y aunque admite le costó mucho tener una relación estable, lo ha logrado con su actual pareja, con quien está desde hace cinco años.

“Mi novio supo sobre mi condición desde el principio y eligió estar conmigo. Sabe que tal vez no tengamos hijos, y tanto él como yo lo hemos aceptado”, declaró.

Añadió que está situación provoca un gran vacío y “llena de rabia, culpa y vergüenza”, lo que la llevo a tener depresión, ansiedad y ataques de pánico.

Por ello, Joanna declaró que quiere apoyar a todas las mujeres que estén en la misma situación, porque infortunadamente no existen grupos de apoyo, al menos no lo había en Grecia donde ella vivía, por lo que no tenía con quien hablarlo.

“Si no nos ayudamos entre nosotras, ¿quién si no?”, enfatizó.

Con información de BBC Mundo.

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viernes, 22 de abril de 2016